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domingo, 19 de diciembre de 2010

Nos Matan y No Es Noticia

Nos matan y no es noticia.
Qué bueno presentar un libro.
Qué malo que el contenido hable de cosas horribles.
Por las cuales la vida del autor cambió. Persecución, exilio.
La buena vida, que dice Ricardo llevaba como funcionario en Colombia, cambiada por el exilio, el racismo, la falta de trabajo.
Y todo por una guerra para robar territorios y vidas a las gentes colombianas.
Por que hay esa guerra y porque hay esos intereses, No es noticia el asesinato en Colombia.
Y aqui hoy tenemos el reto de rebelarnos contra ese silencio de la muerte y el negocio, con el libro autoría y testimonio de Ricardo, prólogo de Carlos Alberto, y trabajo conjunto de recomposición y edición de alguna gente de Cambalache.
Debemos felicitarnos, por esta rebelión frente a la pasividad, que es mediática, pero que es también política: de las derechas y una cierta tranquilidad de algunas izquierdas ante el genocidio colombiano.
Un libro de testimonio, para conocer y para reflexionar y para actuar en la defensa permanente de los derechos de las personas.
Nuestra contribución empieza ahorita: para divulgar, extender, hacer llegar a muchos rincones este testimonio contra los asesinatos y sus cómplices en el Atrato´colombiano.
Hace pocos dias se presentaba el VI Informe, terrible, escrito y audiovisual, de la Delegación Asturiana a Colombia. Y hace menos dias en una plaza mayor estabamos rechazando el asesinato de otro de los nuestros, de Henry Ramirez.
La cifra de asesinatos es demasiado grande y nos abruma. Tenemos el reto de quebrar esa tendencia, de multiplicar el libro y los testimonios, de romper la maldita impunidad y contribuir al advenimiento de tiempos de paz para la querida gente colombiana.
En esa tarea buscamos cómplices, deseamos hacer contuberniu, aspiramos a alianzas de vida.
Enhorabuena a Ricardo Ferrer  y a todas y todos los presentes.

Libro completo en archivo adjunto

Más información en:

- http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/sin-noticia-nos-matan.html

martes, 28 de septiembre de 2010

A PROPOSITO DE LA DESTITUCION DE PIEDAD CORDOBA Y DE LA MUERTE DEL MONO JOJOY.

A PROPOSITO DE LA DESTITUCION DE PIEDAD CORDOBA Y DE LA MUERTE DEL MONO JOJOY.

Hace días me hice el propósito de no volver a escribir sobre temas de la actualidad colombiana, quizás equivocadamente, pero fundada mi decisión en los artículos de prensa y, fundamentalmente, en los comentarios soeces y desproporcionados, de los ciudadanos que los firman. No se dan cuenta que esa actitud descalifica, ética y moralmente, aun llevando razón, a quienes los suscriben. Pero debemos de convenir que su actitud es el reflejo de una política de desinformación, de desconocimiento de las instituciones que nos rigen, de ignorancia supina sobre los manejos del poder, de miedo a lo que ocurre a lo largo y ancho del país, de sometimiento a los dictados de la violencia, de incredulidad ante la ineptitud o la complacencia de los jueces, de sometimiento a quienes utilizando los medios de comunicación narcotizan a los ciudadanos falseando la verdad creando paraísos y nirvanas donde solo existe odio, resentimiento, fanatismo y desdén por el otro que piensa diferente, sirviendo, a contra pelo de la opinión pública, a quienes quieren imponer, desde la caverna, el pensamiento único, que les permita obrar a sus anchas incumpliendo los principios que han jurado defender.

Hoy, después de las lecturas de los diarios y de los comentarios anexos, sobre los temas motivo de esta nota, me propongo llamar la atención de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, en aras de las buenas maneras, de la reconciliación entre los ciudadanos, apostando por salvaguardar los principios fundamentales de nuestra Carta Magna, de modo significativo en lo referente a la libertad de expresión, fundamento sin el cual, la democracia no es posible. Nada agregamos cuando afirmamos que el fallo es del sistema político y, menos aun, cuando señalamos con el dedo a nuestro legitimo contradictor, al opositor, sea este comunista, fascista, liberal o conservador. Debemos comprender que la disposición al desacuerdo, al libre disenso, así se lleve a extremos fastidiosos, es la columna vertebral de una sociedad abierta. La democracia exige, para no naufragar en el marasmo de las opiniones hechas, de la existencia de individuos que se opongan a la opinión de las mayorías, porque una democracia de consensos, como el frente nacional, o de pactos permanentes entre partidos políticos para repartirse el poder, no será una democracia que perdure mucho tiempo.

Entiendo que a las comunidades les resulta más sencilla la vida cuando todos parecen estar de acuerdo sobre su gobernabilidad, lejos de ideas reformistas por buenas que ellas sean, en aras de salvaguardar las convenciones y las formas de convivencia, optando por rechazar al disconforme. Pero también tenemos que aceptar que la vida, desde esa perspectiva restringida, será menos activa y poco satisfactoria. Quien observe con detenimiento las sociedades, las naciones en que su actividad democrática natural se ha detenido, vera que sus instituciones se han desintegrado y que el caos reina para satisfacción de unos pocos que medran a costa del sufrimiento general de los ciudadanos para los cuales gobiernan. Es el precio que se paga por acallar la voz de los disconformes, aceptando luego, en silencio, un círculo cerrado de opiniones y de ideas en el que nunca se permite la voz de la oposición, ni para escuchar el grito desgarrador del silencio impuesto por la fuerza. Me dirá, algún avispado lector, que no es el caso colombiano, solo debo afirmar que, aparentemente las personas siguen siendo libres de decir lo que les venga en gana, pero cuando sus opiniones se apartan de lo que dice el statu quo, son apartadas y marginadas de la sociedad, cuando no, asesinadas u obligadas al exilio. Los ejemplos de este proceder son múltiples en el país, y al parecer, observando los últimos acontecimientos, está lejos de cerrase.

Creo que los ciudadanos en general, los intelectuales y los jóvenes en particular, están en mora de participar activamente en la vida política de la nación. No podemos aceptar “el no me importa la política”, porque es dejar en manos de desaprensivos la forma en que debemos gobernarnos, la forma en que debatimos nuestros intereses comunes, el problema no es, ni se centra en saber, si estamos o no de acuerdo con un acto legislativo sino en la forma en que se debate y los actores interesados o no en que salga adelante. Es asombroso observar como las sociedades han ido aceptando, sin protestar, la invasión indebida de sus derechos personalísimos, por no hablar de la invasión de Irak, el racismo, la homofobia, las diferencias de clases, etc. En el siglo pasado los intelectuales fueron la voz en defensa de las libertades: Se identificaron con las protestas contra el abuso de poder por parte del estado secundados por los jóvenes que exigían un cambio de las instituciones que consideraban caducas y alejadas de la realidad social a las que se aplicaban. Hoy, tanto unos como otros, quizás sometidos por el miedo, hablan y escriben a contrapelo de lo que ocurre en las sociedades avanzadas. Los ciudadanos en general, los intelectuales y los jóvenes en particular no deben olvidar que si renuncian a la política activa abandonan a la nación en manos de políticos corruptos, de funcionarios mediocres y venales, y al vaivén de los intereses desmedidos de las multinacionales y de los grupos de presión. Por lo mismo no debemos abandonar el desafío de la renovación tanto de las instituciones cuando la costumbre lo demanda como de la clase política existente cuando sus principios y valores lesionan el interés general.

El disentir, la disconformidad, la disidencia, la oposición siempre han sido obra de mentes jóvenes y renovadoras. Para corroborar este aserto basta con mirar las páginas de la historia: la revolución Francesa, La revolución Americana, La independencia de América del Sur, La revolución de Octubre, el New Deal, la Europa de la posguerra, el movimiento del 68, fueron movimientos liderados por jóvenes. Frente a los excesos del poderes más probable que los jóvenes los afronten y exijan su solución, que se resignen a ser sometidos y a acallar sus conciencias. Pero, como ocurre hoy día, también, debido mas a la desinformación y a la persistencia de los desarreglos sociales, que se sometan más que sus mayores a caer en el apoliticismo desviando sus intereses hacia cosas superfluas, o a aquellas otras que llaman su atención y que llenan intelectualmente el espacio vacío que les deja la política, como las ONG, Green Peace, médicos sin fronteras, etc., con la disculpa de que, “la degradación política no es cosa nuestra”. No son conscientes de que la sociedad en que viven, las instituciones que se ha dado solo podrán seguir existiendo en la medida en que su compromiso con la gestión de la cosa pública no decaiga.

Todo lo que tiene el ciudadano para defender el interés general son las elecciones a los consejos municipales, a las asambleas, a los cuerpos legislativos y al ejecutivo. Son estos los únicos medios que poseemos para convertir la opinión ciudadana en acción ejecutiva dentro de la ley para poder convivir en paz y armonía. Por todo ello es fundamental la garantía de las libertades ciudadanas, en especial, aquella que defiende la libertad de expresión, la expresión del legitimo contradictor. El fracaso de la democracia trasciende las fronteras y nos muestra ante extraños como fieras en un estado fallido. Jóvenes, que no sea ese nuestro destino, actuemos siempre en política como si estuviéramos frente a una catástrofe inminente: Espíritu crítico, imaginación permanente y voluntad de acción ejecutiva. Para salir del subdesarrollo necesitamos leyes nuevas, sistemas electorales diferentes, participación activa de todo el espectro político: Liberales, conservadores, comunistas, socialistas, fascistas, socialdemócratas, etc., restricciones efectivas a los grupos de presión, legislar con rigor la financiación de los partidos políticos, encontrar los medios legales para que las autoridades elegidas o no respondan por sus acciones ante la ley y ante los ciudadanos a quienes se deben y que son en ultimas quienes con sus impuestos les pagan.

El encabezamiento de esta nota indicaba que íbamos a hablar de Piedad Córdoba y del Mono Jojoy. No lo he hecho, pero sí de las causas que dan lugar al extravío de algunos ciudadanos y al peligro que entraña el desconocimiento del derecho constitucional de la libre expresión dentro del arco social y parlamentario. Los jueces no están para judicializar la política sino para hacer respetar la ley y perseguir a los criminales. Fueran más efectivos, y le sirvieran mas a la nación y a la democracia, si persiguieran con ahínco y denuedo a los criminales, a los paramilitares, a quienes desde el deber de defender a las instituciones se han dedicado a ofrecer el denigrante espectáculo de los falsos positivos, si utilizando todos los medios que les ofrece el código penal pusieran entre rejas a todos los que se han enriquecido ilícitamente, medrando del presupuesto desde los cargos públicos, o aceptando sobornos para cometer cohechos y prevaricatos. Los jueces no deben olvidar que del buen cumplimiento de gestión que se les ha encomendado, de la correcta aplicación de la ley, depende de forma sustantiva la supervivencia de la democracia.

Hoy, visto lo visto, ante la invasión abusiva de nuestros derechos personalísimos los ciudadanos tenemos que organizarnos en asociaciones efectivas que nos permitan acceder, por derecho, en las decisiones que afecten la vida comunitaria. Ello requiere la exigencia irrenunciable de un cambio fundamental en las estructuras institucionales. Leyes nuevas que le permitan al ciudadano una mayor participación democrática en las decisiones que afecten a la sociedad. Los jóvenes y los intelectuales tienen la obligación de encabezar esta cruzada.

Carlos Herrera Rozo

lunes, 31 de mayo de 2010

EFRAIN PEREZ BALLESTEROS

EFRAIN PEREZ BALLESTEROS
Para casi todos los que nos dedicamos a la escritura, la memoria se convierte en el génesis de la fantasía, en el inicio impredecible de un largo viaje hacia la ficción. La memoria, los recuerdos, el mito, las invenciones, el tiempo y el que hacer diario se mezclan en la literatura de una manera tal que, traspasando el mundo de la realidad, lo recordado se transpone en lo soñado: Al mirar los cuadros de Efraín Pérez nos asalta de pronto la sensación de que nos encontramos ante la narración de un paisaje descrito por Faulkner o por García Márquez. Un ejemplo de lo que afirmamos lo encontramos en el Francés Javier Marimier, quien al describir una tormenta en los Andes escribió:" Hay tempestades que pueden durar hasta cinco meses. Quienes no hayan visto esas tormentas no podrán formarse una idea de la violencia con que se desarrollan. Durante horas enteras los relámpagos se suceden a manera de cascadas de sangre, rápidamente la atmósfera tiembla bajo la sacudida continua de los truenos, cuyos estampidos repercuten en la inmensidad de la montaña. Pocos de nosotros viven con tanta intensidad como para nunca sentir nostalgia de aquel reino Saturnino al que Virgilio, Shakespeare, Rafael o Claude pueden llevarnos en volandas.

Me he planteado la pregunta obligatoria, al mirar con detenimiento la obra pictórica de de Efraín, de si, ¿pinta un cuadro o nos narra una historia? Y la verdad se disuelve al comprender que él pretende narrar una historia, sujetarla estrictamente a la realidad de lo vivido, pero que, con más frecuencia de lo que él quisiera, naufraga para contento nuestro, en el mundo iridiscente del color, que es en suma un simulacro de lo recordado convertido, gracias al arte, en el espectáculo de la naturaleza eternizada.

Se da la especial circunstancia de que la obra de Efraín Pérez se desarrolla en latitudes diferentes de acuerdo a sus querencias y añoranzas; cuando esta en España, en las Islas Baleares, sus recuerdos y su pincel se inclinan por los paisajes de su infancia en tierras Boyacenses y, cuando viene a Colombia, tras sus ancestros, le persiguen los demonios mallorquines volcando toda la fuerza de su creación en ese otro mundo que le atenaza el corazón donde ha visto crecer a sus hijos y descansa en el regazo de lo que mas ama.

No pretendo hacer de critico de arte, lejos de mi tamaño desliz, solo pretendo glosar de modo sucinto esta exposición, más por la amistad que nos une y por el interés común por las artes y las letras, que por elaborar una apología de su obra. Ella por si sola sabrá hacerse un lugar en la memoria de quien la vea por la inquietud sembrada por la plasticidad de sus imágenes. El arte, como la literatura, nos acercan a una realidad sublime: Al niño que llevamos dentro, que va siempre en busca del amigo invisible, que no es una fantasmagoría malsana sino el glorioso descubrimiento de una mente que aprende a ejercitar todas sus facultades. Seguramente es ése el momento, misterioso y eterno, en que nace un nuevo artista.

Carlos Herrera Rozo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

REEDITAR LA HISTORIA DE LA INFAMIA

REEDITAR LA HISTORIA DE LA INFAMIA

No es difícil seguir esta trayectoria. Son muchos los seres humanos los que se han empeñado en hacerla amplia y extensa. Unos por lástima y misericordia, otros por aviesos instintos y torcidos intereses, y otros, por la execrable necesidad de hacer el mal. Me propongo presentar un recorrido rápido, sucinto, sobre la historia de la infamia. Veamos como ha sido el comportamiento de algunos congéneres a lo largo de su existencia, apuntaremos algunos momentos interesantes: En el año 925 los Unos irrumpieron en la biblioteca benedictina de Saint Gall con la intención de saquear los metales preciosos y destruir la biblioteca. Nada encontraron, ni libros ni joyas preciosas. Tampoco sospecharon que la monja que cuidaba dichos bienes, la cual fue vejada, violada y asesinada, había tenido una visión la noche anterior y salvo de la hecatombe la biblioteca y los bienes que allí se encontraban. Wilborada, que así se llamaba, fue elevada a los altares en el año de 1047. En 1517 el padre Bartolomé de las Casas tuvo lástima de los aborígenes americanos que sucumbían en los laboriosos infiernos de las minas auríferas, y propuso al Emperador Carlos V, la importación de negros para sustituirlos y cuenta Jorge Luis Borges que, a esa curiosa sustitución, solicitada por el filántropo, debemos infinitos hechos: El tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la guerra de Secesión, la admisión del verbo Linchar etcétera. Shi Huandi, emperador de China, mando construir la Gran Muralla y ordenó la destrucción masiva de libros anteriores a su mandato, la retaliación a quien desobedeciera con la muerte y el destierro. El Cristianismo también se ha distinguido por la censura, utilizando todos los medios, de obras científicas y artísticas, y tratando, además, los alcances de la moral, de lo bueno y de lo malo, según su propia ideología. Los Árabes, musulmanes, no se han quedado a la zaga, ellos, según parece, ordenaron la destrucción de la biblioteca de Alejandría. Fernando Báez participó en la comisión respaldada por la Unesco que visitó Iraq para evaluar los daños en la Biblioteca Nacional de Bagdad y cuenta que, entre otros textos, desaparecieron ediciones antiguas de Las mil y una noches, de los tratados matemáticos de Omar Khayyam, los tratados filosóficos de Avicena (en particular su Canon), Averroes, Al-Kindi y Al-Farabi, las cartas del Sharif Hussein de La Meca, textos literarios de escritores universales, manuales de historia sobre la civilización sumeria... El secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, a manera de excusa ante estos hechos, comentó que "la gente libre es libre de cometer fechorías y eso no puede impedirse" (¿?).

Francisco Franco (1892-1975) militar, católico y tirano, de extrema derecha, fascista, tiene en su haber 30.000 muertes y también hizo desaparecer muchos niños. Gobernó a España durante 40 años, apoyado por las armas, él solo constituía el poder y cometió incalificables crímenes.

Benito Mussolini (1883-1945) Político italiano en 1919 fundó Fasci italiani di combattimento embrión del partido fascista. Tras de invadir Albania en 1938 y ayudar a Franco, luego detenido por los partisanos fue ejecutado en 1945.

Adolf Hitler (1887- 1945), Fuhrer de III Reich alemán Sin lugar a dudas fue el peor de los asesinos, el más malvado de todos. Ultra nacionalista, de extrema derecha, racista y violento y por demás totalitario en la lista de asesinos ocupa el primer lugar. Reunía todos los requisitos para ello: era frío y calculador, tenía un plan para cometer sus atrocidades, fue sin duda el perfecto canalla, sus defensores los desheredados de siempre, y que aún quedan alaban sus éxitos económicos logrados a base de exportación de un gigantesco rearme y de la ayuda internacional.
Pero a su triunfo no son ajenos quienes más lo demostraron ingleses y franceses sobretodo que veían en Hitler el freno a la expansión comunista y por eso les interesaba su existencia. Una vez en el poder, Hitler acabó con toda disidencia externa (Exterminio de la oposición de izquierdas) e interna. El 30 de Junio de 1934 asesinó a dirigentes de la S.A organización que él mismo había creado, instaurando un régimen totalitario de partido único militarista y expansionista. Antes de la guerra ocupó Austria y parte de Checoslovaquia y después intentó someter a toda Europa, provocando la guerra más sangrienta de la historia. Cincuenta Millones de seres humanos murieron en la guerra y en los campos de concentración más terribles de los que jamás había existido.
Heinrich Luitpold Himmler (Múnich; 7 de octubre de 1900 - Luneburgo, Baja Sajonia; 23 de mayo de 1945) fue el Comandante en Jefe (Reichsführer) de las SS y más tarde Ministro del Interior y fugazmente Comandante de los ejércitos del Rin durante el sitio de Berlín.
Gestionó no solo la orden de la matanza metódica y sistemática de millones de judíos, polacos, gitanos y homosexuales, sino también de miles de prisioneros Bibelforscher (testigos de Jehová), y rusos, muchos de los cuales fueron usados en experimentos.

Con los mimbres ya señalados, como telón de fondo, abordemos ahora el presente en que vivimos, maltrechos y ambiguos para las mayorías y un lar de ambrosia para unos pocos. La idea de borrar la identidad cultural de un pueblo para luego hacerlo desaparecer de la faz de la tierra es un perverso acierto: El pensamiento único, el fanatismo, el fundamentalismo, el mesianismo, la sin razón, el autoritarismo, el miedo y el terror son las enseñas del “estado democrático de hoy, y toma asiento en preclaros ejemplos, Fernando Báez nos da su testimonio: “Es un trauma terrible. El primer efecto evidente es el miedo; el segundo, el pesimismo que introduce. La destrucción de vidas y bienes culturales opera como un programa de intimidación y confusión. Hay que insistir en que el patrimonio cultural impulsa un sentimiento de afirmación y pertenencia, puede afianzar o estimular la conciencia de identidad de los pueblos en su territorio, lo que permite resguardar acciones culturales propicias a la integración. Y como el patrimonio es, etimológicamente, "lo que recuerda al padre", el ataque contra el patrimonio y la vida enfrenta a una sociedad con su orfandad más contundente y su consiguiente destrucción”.

Ahora bien, visto lo visto, con el prolegómeno que antecede estas letras, hablaremos del personaje al que quería llegar, con lo que queda dicho quería explicar un poco su carácter, quizás, también, sus ancestros culturales, no en balde es un buen letrado. Es un error atribuir la destrucción cultural y la muerte de seres humanos a hombres ignorantes, inconscientes de su odio. Cuanto más culto un hombre, cuanto más esta embebido de una ideología, más dispuesto está a eliminar sentimientos culturales y hombres bajo la presión de mitos apocalípticos o aviesas necesidades políticas. Colombia ha sido un país flagelado, esquilmado y desangrado desde la conquista. Revisar la historia en este lugar sería demasiado farragoso, pero no por ello dejaremos de traer a cuento algunos momentos fulgurantes que darán luz a algunas mentes olvidadizas: Bolívar, en el congreso anfictiónico de Panamá, llevado a efecto el 22 de Junio de 1826, se propuso la unión del conjunto de naciones de Sur América y el Caribe, como fundamento necesario para impedir la injerencia de Estados Unidos en los nuevos territorios independientes como respuesta a la Doctrina Monroe.

Cuando los países de América Latina acceden a la independencia, la antigua metrópoli, España y sus aliados europeos comienzan a desarrollar planes con miras a reconquistar los frágiles nuevos estados. Es así, que en esa primera etapa, Estados Unidos perfila su doctrina Monroe, con el objeto primordial de defender la libertad americana. Cuando estos países logran consolidarse como estados soberanos a mediados del siglo XIX, el país norteño propuso el llamado "Panamericanismo", como mecanismo para lograr la confraternidad latinoamericana, en torno al liderazgo de Estados Unidos.
Así, la Doctrina Monroe y el Panamericanismo buscaron, bajo diversas vías, llevar a la práctica el propósito estadounidense de hacer de Latinoamérica un subcontinente que respondiera a sus propósitos e intereses, la despensa en el patio trasero, lo cual fue demostrado por el devenir histórico y las acciones concretas que el país norteño llevó a cabo en estas dos últimas centurias.
El 2 de diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso, el presidente James Monroe formuló una serie de principios de la política exterior de Estados Unidos, que recibieron el nombre de Doctrina Monroe. En esta importante declaración se proclamaba que: "el continente americano no puede ser en adelante objeto de colonización por parte de las potencias europeas...absteniéndose de intervenir en los asuntos de Europa, Estados Unidos, considerará como acciones hostiles cualesquiera intentos de los estados europeos de injerencia política o de otra índole en los asuntos de los países del continente americano . Así, la Doctrina Monroe se convirtió en bandera de la política de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental por muchos decenios y, con el tiempo, han cambiado los presidentes y los nombres de las diferentes formas de intervención en cualquier lugar del mundo.
La actuación del Presidente de Estados Unidos James Monroe, estaba dictada por los intereses a largo plazo, de lograr una posición dominante en el Hemisferio Occidental: lo que Estados Unidos buscaba no era fortalecer la independencia de América Latina, ni menos mezclarse en la guerra contra España: el móvil real de la política de Monroe era establecer las bases de la hegemonía de Estados Unidos en el continente. De hecho, Monroe declaró a todo el Hemisferio Occidental "zona de los intereses vitales y de seguridad de Estados Unidos". Por ello, su doctrina no tenía carácter defensivo, sino que estaba dirigida en esencia contra los países de América Latina, así como contra otras potencias europeas como rivales de Estados Unidos en la lucha por las esferas de influencia en esta región del mundo y el manejo de las riquezas naturales que pudieran explotar en el futuro inmediato, como ha sido.
¿Se puede ser independiente, libre y democrático dentro de este contexto? La respuesta es que sí. Desde luego. Muchos pueblos lo han demostrado a pesar de los desmesurados intereses económicos de los países llamados del primer mundo y de sus tortuosas formas de conseguir el sometimiento aniquilación y saqueo de las riquezas naturales de otros pueblos utilizando en su favor las instituciones internacionales tales como la ONU, el FMI, el Banco Mundial y las nuevas tendencias económicas a favor de los aviesos intereses del los tiburones financieros. El ejemplo más lacerante de esta forma de actuar es África donde los pueblos colonizadores no han dejado viva ni la cultura ancestral, ni escuelas, ni hospitales, ni universidades, ni infraestructuras que dignifiquen la vida, sino hambre, miseria, zaqueo, muerte y desertización. Los pueblos han sido sometidos a sangre y fuego en nombre de la libertad, de la soberanía y de la democracia para ser expoliados y martirizados por apátridas y mercenarios.
¿Es con esta urdimbre infranqueable y oscura que el Señor Uribe está construyendo el futuro de los colombianos?
Al hombre se le juzga por sus actos, no por sus palabras. Y los actos del señor Uribe indican que el país le importa más como una forma de salvar sus nebulosos intereses y ocultar sus hierros que como la nación que juro defender tanto en sus principios constitucionales, como en la defensa DEL BIEN COMUN DE TODOS LOS COLOMBIANOS. El estado lo ha convertido en una sociedad policial sujeta al miedo y al terror desplegando a lo largo y ancho del país a grupos de ciudadanos armados, los paramilitares, apoyados por las fuerzas de seguridad del estado, por parlamentarios, comerciantes y terratenientes, jueces y funcionarios venales creando un ambiente de confusión que le ha permitido anular a los individuos mediante la polarización política, la desinformación, la manipulación de los medios masivos de comunicación y la destrucción consiente del sentido de patria y pertenencia para hacer accesible el ingreso de las compañías multinacionales , los tiburones financieros internacionales y el modelo capitalista de los NEOCON, causante de la última crisis económica internacional, en detrimento de los intereses nacionales. Al Capitalismo le interesa la liquidación del concepto de nación, la desaparición de leyes y reglamentos internos que puedan obstaculizarle su movilidad y el imperio de saqueo, a precios de feria, de las riquezas naturales de los pueblos donde logran imponer su voluntad. El nuevo Capitalismo no desea el pleno desarrollo de los pueblos del mal llamado tercer mundo, lo que realmente quieren es continuar adquiriendo las materias primas a precios de saldo y luego vendérnoslas como artículos, cachivaches de primera, a elevados precios.
Los colombianos lo que realmente desean es que el gobierno del señor Uribe abandone su política de guerra abierta y abra canales que permitan el entendimiento entre los ciudadanos; que dedique más tiempo a buscar un modelo económico diferente al impuesto desde Washington y que sea más acorde con los intereses sociales de los colombianos; que se evite, cumpliendo con la constitución y la ley el total DESCUADERNAMIENTO DEL PAIS, la perdida de los valores democráticos para conseguir, mediante el esfuerzo mancomunado de todos los colombianos, sin excepciones de ninguna índole, un país viable, dejando de pertenecer, con ello, al grupo de países fracasados, donde actualmente figuramos, en los anales de la geopolítica mundial.

Carlos Herrera Rozo.


domingo, 8 de noviembre de 2009

LOS LIBROS DEL VERANO

Los Libros Del Verano


Se inicia el invierno y evidentemente tenemos que aceptar que ha concluido el verano. Tengo la sensación de que las horas de ocio, esas que hemos dedicado a la lectura de un nuevo libro, o a la relectura de alguno que nos cautiva, se han ido, y que la disponibilidad de un tiempo adicional para dedicarlo a la literatura ahora se reducen sensiblemente al escaso tiempo nocturno para leer mientras el sueño nos rinde definitivamente para descansar de las labore cotidianas.
El verano, o el tiempo de descanso que suponen las vacaciones después de un largo período de trabajo trae consigo la expansión del espíritu, una cierta relajación que incita a la quietud y a la vez a la reflexión, cuando no, a la inquietud por conocer física y espiritualmente gente con la que departir intereses comunes; lugares que llenen nuestra vista de luz y color, nuevos sabores gastronómicos y espirituosos licores y vinos que hacen amables las tardes de palique, y, para cerrar el ciclo diario, lecturas que satisfagan la necesidad intelectual.
La lectura es un viaje. Se viaja mientras viajamos y comprendemos de pronto su ensueño: La imaginación se adelanta a los acontecimientos y procuramos adivinar un final que nos acerque al creador de la ficción sin acabar de comprender que el papel del protagonista de la ficción nos está reservado como lectores. Por todo ello, cuando nos sentamos a leer un libro, nos iniciamos en un largo viaje que nunca termina, no porque en la obra en cuestión no haya un punto final, si no porque nosotros como lectores la dejamos en puntos suspensivos: Lo que no hemos comprendido sigue vagando por nuestro cerebro en busca de una aclaración racional, o, lo que es más seguro, en busca de una relectura que nos aclare el juicio y nos permita ver la luz detrás de las palabras. La inconformidad con lo que se lee es la base de la lectura. Si nos acostumbramos a ser conformes con las palabras terminaremos, sin lugar a dudas, a ser conformes con los hechos y los hechos necesitan de mentes críticas para ser estudiados y comprendidos. Son el análisis y la investigación los que nos permiten ver la luz y ese es el éxito de la lectura. La Libertad depende, y mucho, de nuestro inconformismo pero también de nuestra capacidad para leer e interpretar los hechos, es decir que, lectura e inconformismo son actitudes humanas que forman parte de nuestra libertad tanto de conciencia como de actos con las limitantes sociales que estos últimos sugieren impuestos por los condicionantes que libremente nos hemos dado en las sociedades democráticas.
Vivimos hoy en sociedades altamente condicionadas por aceptaciones y sumisiones no siempre impuestas por la ley y la costumbre: Aceptamos el lenguaje y con él toda esa cadena de ruidos, imágenes, sonidos y material escrito que producen masivamente los medios de comunicación y las nuevas tecnologías. No podemos poner en duda que esta sobre abundancia de información nos ofrece un amplio abanico de posibilidades de enriquecimiento intelectual, individual y colectivo, que amplía las libertades ciudadanas. Aun así no deben perderse las perspectivas que nos indican que dentro de las sociedades entre las que nos ha tocado vivir conviven poderosos grupos políticos, financieros e ideológicos de índole diversa con intereses singulares que pretenden orientar las conciencias sugiriendo miedos y peligros inexistentes con el ánimo de que resbale la inteligencia individual por caminos que la emboten y enajenen. Utilizan las palabras, las imágenes y los sonidos para conformar nuestros sentimientos y necesidades a sus mezquinas semejanzas: agobian nuestra razón, nuestro espíritu crítico y lo someten al miedo, a la inestabilidad y a la zozobra hasta conseguir que aceptemos conformarnos con lo que nos ofrecen.
Supongo que ser conformista es no solamente aceptar lo que se nos ofrece sin posibilidad de aspirar a más y aceptarlo sin protestar. Me temo que esa sumisión es más que eso. Creo que esa aceptación es la liquidación de la conciencia individual para aceptar, sin más, la que nos quieren imponer. Es la pérdida del ser en sí mismo para convertirnos, mansamente, en esclavos de otros diluyéndonos en la conciencia ajena.
Quiero llamar la atención del lector desprevenido para que no se asuste, para que cuando apague la luz, para descansar de la jornada diaria, piense antes de caer en brazos de Morfeo si ha cumplido para consigo mismo y para con la sociedad a la que se debe, o si por el contrario, está en deuda con ellos y con él. De la respuesta que se dé dependerá su propio futuro, pero también, el de sus hijos y nietos y el de la colectividad a la que pertenece. De ahí la importancia de la conciencia individual, del yo interno, ese lenguaje interior con el que acompañamos cada uno de los instantes de nuestra vida y que nos ofrece, si somos lo suficientemente sinceros con nosotros mismos, luz para aclararnos y reconocer el lado oscuro de lo que se nos presenta con destellos que ciegan hasta el entendimiento hasta conseguir la alienación total de nuestra voluntad, el resquebrajamiento intelectual y cultural y la aceptación de obsesiones, ideas y hechos insustanciales que vacían el espíritu y cosifican al hombre. Nos convertimos por voluntad de caprichos ajenos e inconfesables en máquinas, utilizando el lenguaje contemporáneo, en seres virtuales sin ideales ni libertad sujetos al software que nos han incorporado. Lo que quiero significar es que los individuos que componen un determinado conglomerado social no pueden ser personas, tal como lo dispone el derecho positivo y la propia naturaleza del hombre, si no son seres autónomos, si no tienen la posibilidad de desarrollar libremente su pensamiento y aspiraciones por muy modestos que ellos sean o por la mucha o poca incidencia que tengan dentro de su colectividad, al fin y a la postre es esa libertad la que hará posible una sociedad equilibrada y pujante. El pensamiento solo debe nutrirse de libertad.
Los libros, querámoslo o no, son el más significativo principio de libertad y concordia. Los libros son luz que iluminan el intelecto, que abren espacios de libertad, alegría para el espíritu, alejamiento racional de los lugares comunes, de lo ya sabido, de las aberraciones mentales inyectadas desde los mentideros ideológicos y publicitarios a los que nos acoplamos sin reticencias por cobardía, poltronería y desidia del espíritu. Los libros nos ofrecen otras perspectivas. De su lectura se desprende una voz renovadora, nueva y luminosa que nos habla de un futuro menos incierto dentro de la libertad de palabra, pensamiento y obra. Dentro de la literatura encontramos un mundo que, sin ella, jamás habríamos descubierto: La posibilidad de vivir otras vidas y otros mundos, y de intuir que otra vida es posible. La literatura como tradición oral y luego escrita no es solamente el origen de las libertades individuales e intelectuales, sino que ella es en si un territorio libre donde la imaginación humana fluye con la rosa de los vientos. Albert Camus decía que todo muro es una puerta y es que los libros son puertas siempre abiertas muy a pesar de la censura y de los torcidos intereses de los pobres de espíritu.
Ha sido gracias al lenguaje que el hombre abrió una brecha importante con el resto de los animales. El lenguaje le dio la posibilidad de comunicarse, de contar sus sentimientos y necesidades, y la escritura, la posibilidad real de guardar y acumular su historia, de convertir su quehacer cotidiano en acumulación cultural que pudiera ser transmitida a las nuevas generaciones. El entretenimiento lúdico, sin embargo, no es del todo inocente... Imaginar otra vida, vivir otra realidad, presentirla y compartirla con otros supone emprender nuevas experiencias no exentas de egoísmos. La imaginación dispara los deseos y amplia las expectativas entre lo que somos y lo que tenemos y lo que aspiramos y queremos ser. En este abismo existencial entre la vida que vivimos y la que queremos vivir, la vida que fantaseamos como rasgo fundamental de lo humano, la rebeldía, la inconformidad, la insatisfacción permanente, la voluntad de luchar para transformarla y hacerla más placentera, más cercana a lo que queremos que ella sea, a lo que hace posible el progreso del hombre: Desde que el hombre descubrió las tablas de Tel Brook pasando por “Canta, Musa, la cólera de Aquiles”, o,” En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”, hasta la última novela publicada en nuestros días encontramos en todos esos textos un denominador común: El hombre que redimido del peso de sus miedos traslada sus sentimientos y experiencias al lenguaje escrito y consigue, quizás sin proponérselo, emocionarnos con ellos y pensar, que los signos por si solos, las palabras, eran el origen del entusiasmo que nos embarga. A la falta de experiencias, de realizaciones pragmáticas, la lectura llena esos vacios del espíritu. Inventar la historia, modificar la historia, contar hechos imaginarios o modificar la realidad con tanta elocuencia, con tantos detalles truculentos, como para que quien la escuche o quien la lea no la olvide, la haga parte consustancial de su propia realidad y la transmita. Esa nueva realidad cargada de verdades a medias o de mentiras se convierte en una advertencia de vida, en una enseñanza, en un medio sin el cual difícilmente se alcanzara la libertad, pero también un medio lúdico, de entretenimiento, de expansión personal, de medio de escape en la lucha diaria por la súper vivencia propia, de la prole y de la colectividad a la que nos debemos.

Carlos Herrera Rozo.